lunes, 8 de junio de 2009

El negocio de los laboratorios: Pandemias y pandemonium

Una desconocida cepa viral se ha expandido por el planeta. ¿De dónde salió? ¿Quiénes son sus autores y beneficiarios? Si vamos a hablar de pandemias o endemias, lo primero que deberá decirse es que la injusta distribución de las riquezas en el planeta es la principal causa de enfermedad y muerte.

Y que la pobreza es el fúnebre paisaje donde se incuban y multiplican los más feroces virus y bacterias que aniquilan al hombre por millones.

Médicos Sin Fronteras nos indica que cada 30 segundos muere un niño de malaria, es decir, más de un millón anual. Otros dos millones se lleva el dengue. ¿Y la tuberculosis? En Argentina se comprueban 14.000 casos nuevos por año. Por el Mal de Chagas muere en nuestro país un promedio de diez personas por semana y hay dos millones de afectados: es la enfermedad endémica más importante que padecemos por culpa de la vinchuca y la miseria, pero el Programa Nacional del Chagas solo cuenta para combatirlo con un presupuesto anual de 50 millones de pesos que alcanza para poco o nada, es una cifra, por ejemplo, mucho menor que los 70 millones que, de entrada nomás, se gastaron en Argentina para comprar 110.000 antivirales para combatir la gripe A (H1N1), llamada “gripe o influenza porcina”.

Frente a tantas millones de víctimas producto de enfermedades arraigadas durante décadas, ¿no asoma como exagerada la emergencia declarada ante el H1N1?

En principio, si la Organización Mundial de la Salud (OMS) convocó al alerta, es que la cosa puede ser algo mucho más seria de lo que se ve en la información diaria, y que posiblemente haya “gato encerrado”.

En 1918 una pandemia de gripe provocada por un virus parecido, mató a millones. Desde entonces, la pobreza, incubadora de gripes, siguió castigando, pero la ciencia avanzó y es casi un imposible que se repitan esas mortandades, a no ser que exista una macabra intencionalidad.

El temor cundió porque H1N1 es una cepa nueva. ¿De dónde salió? ¿De algún porcino engripado que trasmutó el virus para hacerlo transmisible al hombre, o acaso fue obra del Pandemonium? ¿Su aparición es cuestión propia de la involución de la naturaleza como consecuencia del deterioro del medio ambiente, o además es una de las tantas consecuencias de la ilimitada sed de ganancias del sistema capitalista? Es posible que haya de todo un poco. De lo único que no hay dudas es que esta gripe es un brote más de la pandemia madre: la enorme desigualdad.

El huevo de la serpiente

Pandemonium es la capital del Infierno en el poema épico “El paraíso perdido” que John Milton escribió en el siglo XVII. Para el poeta inglés se trata de la capital del infierno donde, en su cámara de conciliábulos, los demonios debaten acerca de los males que desparramarán por el mundo. Pues bien, si nos atenemos a las serias denuncias que hace rato están circulando en ámbitos científicos (pero que la mayoría de los medios de comunicación vienen obviando), el Pentágono podría compararse a ese Pandemonium ya que desde sus laboratorios de guerra biológica es factible que hayan “escapado” esas cepas virales desconocidas, atrapadas en un principio de afiebrados porcinos y convertidas luego en arma mortal.

La investigadora Lori Price (sitio web Globalresearch.ca) señala en un artículo revelador que un especialista “biodefensa” indonesio denunció el año pasado que EEUU ya podía fabricar armas biológicas en el laboratorio de Los Álamos, usando muestras de la gripe aviar enviadas por Indonesia.

El periodista Ralph Schoenman, productor del programa radial "Taking Aim" (Apuntando) que se transmite en la emisora WBAI de Nueva York, afirma a su vez que los laboratorios militarizados a lo largo de Estados Unidos han estado perfeccionando armas biológicas con los virus porcino, aviar, el asiático y otras enfermedades para las que no hay respuesta inmunológica.

"En laboratorios de nivel 4 y 5 en todo el país, las enfermedades más virulentas han sido alteradas de tal forma que no hay defensa contra ellas, y han sido arrojadas en varias partes del mundo. Se han dispersado en África, y han sido monitoreadas por militares estadounidenses", afirma Schoenman. No parece ser casual, entonces, que este “escape” del H1N1 haya comenzado en Estados Unidos y México, mucho antes de que la noticia se haya difundido.

El libro "Clouds of Secrecy" (Nubes de secretos), del profesor de políticas de Salud Pública Leonard Cole, citado por un trabajo investigativo del periodista mexicano Fernando Velásquez, documenta que por 40 años el Pentágono ha estado esparciendo billones de bacilos I en el metro de Nueva York, en las escuelas públicas de Minneapolis y Saint Louis y, en particular, en la bahía de San Francisco. En esa ciudad, los efectos fueron un incremento en un 10% de meningitis de la espina dorsal. El número de personas impactadas por el bacilo I asciende a 10 millones.

Velázquez recuerda además el libro "Matando la esperanza", donde William Bloom describe que en 1971 la central de inteligencia (CIA) proveyó a exiliados cubanos con un virus que causa fiebre porcina africana. Seis semanas después, un brote de la enfermedad obligó al gobierno cubano a sacrificar a medio millón de puercos. Diez años después la población fue atacada por una epidemia de dengue transmitida por mosquitos, que se extendió por la isla enfermando a más de 300 mil personas y matando a 158 (de los que más de un centenar eran niños menores de 15 años).

Reporta también Fernando Velázquez que documentos desclasificados en 1956 y 1958 revelan que el ejército estadounidense crió grandes cantidades de mosquitos en La Florida y en Georgia para ver si los insectos podían ser usados como armas diseminando enfermedades, y que en 1969 más de 500 estudiantes de 36 países se graduaron en cursos sobre guerra epidemiológica en la escuela de química del ejército en Fort McClellan de Alabama.

A la medida de Rumsfeld

No han sido estas revelaciones sobre la labor del Pandemonium las que difunden los medios de las trasnacionales. Sí, en cambio, aprovecharon la instancia para desatar una especie de histeria alrededor del virus porcino que está dando grandes ganancias a Donald Rumsfeld. El ex secretario de Defensa de Bush es uno de los mayores accionistas del laboratorio Gilead Sciences Inc. la firma con sede en California que fabrica y tiene los derechos de "Tamiflu", el supuesto remedio contra la influenza H1N1.

Estamos entonces ante una asociación macabra: armas biológicas, gripe porcina, laboratorios, y multimillonarios como el ex secretario de Defensa de Bush, cabeza dirigente del Pandemonium y a la vez gerente de Gilead Sciences Inc..

Hay para las trasnacionales de la medicina epidemias viables y no viables, la diferencia está en si es negocio o no. Si la enfermedad afecta a millones de miserables que no tienen para comprar medicinas y sus respectivos gobiernos no invierten para brindar salud a sus poblaciones, no interesa fabricar los fármacos que la combatan porque no es negocio, es inviable. Pero en este caso, numerosos gobiernos ya están poniendo dinero en el combate al H1N1 y se advierte que será una formidable acumulación de ganancias para algunas trasnacionales, aquellas empresas biotecnológicas y farmacéuticas que monopolizan las vacunas y los antivirales.

Los únicos fármacos que tienen acción contra el nuevo virus están patentados en la mayor parte del mundo –en Argentina esa patente está vencida- y son propiedad de dos grandes empresas: zanamivir, con nombre comercial Relenza, comercializado por GlaxoSmithKline, y oseltamivir, cuya marca comercial es Tamiflu, patentado por la Gilead Sciences de Rumsfeld, y licenciado en forma exclusiva a Roche.

Glaxo y Roche son la segunda y cuarta empresas farmacéuticas a escala mundial y las epidemias son sus mejores oportunidades de negocio.

Con la gripe aviar obtuvieron cientos o miles de millones de dólares de ganancias. Con el anuncio de la nueva epidemia en México y Estados Unidos, las acciones de Gilead subieron 3 puntos, las de Roche 4 y las de Glaxo 6, y esto es sólo el comienzo.

Alquimistas

Pero si las epidemias son negocio, las cepas virulentas que las provocan también son una resultante de la sed ilimitada de ganancias que manifiestan capitalistas agropecuarios convertidos en alquimistas que buscan el oro a través de deformaciones genéticas de especies animales.

La gripe aviar se generalizó en granjas donde los pollos son hacinados y alimentados con sus propias eses mezcladas con soja y químicos que aceleraban el crecimiento. El virus de la “vaca loca” se originó cuando a los vacunos los encerraron en perímetros pequeños y eran alimentados con productos que hacen crecer desmesuradamente sus músculos. Con los cerdos sucede exactamente lo mismo: los virus se originaron en esos galpones donde los alquimistas multiplican ganancias.

En fin, hasta que los humanos no nos pongamos de acuerdo para acabar con el Pandemonium del capitalismo, seguirán sacudiéndonos epidemias y pandemias.

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